En 1872, el presidente Grant fue detenido por conducir su carruaje imprudentemente por Washington D. C. Una publicación dice que el oficial William West, afroamericano, le advirtió: «Su conducción rápida, señor, […] pone en peligro la vida de los que tienen que cruzar la calle». Grant se disculpó, pero la noche siguiente hizo lo mismo. West lo detuvo y dijo: «Lamento mucho tener que hacerlo, señor presidente, porque usted es el jefe de la nación y yo apenas un policía, pero el deber es el deber». Y arrestó al presidente.
Mario, de veintiocho años, era adicto al crack y al alcohol, y fue encarcelado por robo. En su sentencia, el juez dijo que era «un desperdicio de vida humana». Tristemente, él estuvo de acuerdo. A mitad de su condena, vio un anuncio para un concurso de periodismo. Le interesó y se inscribió en una universidad cercana en la que, después de su liberación, terminó su maestría en periodismo. Ahora escribe para The New York Times. ¡Ya no es un desperdicio!
Como miembro de la resistencia antinazi en Francia, Adolfo Kaminsky alteró documentos de identidad para salvar a cientos de los campos de concentración. Una vez, le dieron tres días para falsificar 900 certificados de nacimiento y 300 cartillas de racionamiento para niños judíos. Trabajó dos días sin dormir, diciéndose: «En una hora, puedo hacer treinta documentos. Si duermo una hora, morirán treinta personas».
Los miembros de la iglesia preguntaron por qué compraban un campanario. ¿Era la mejor manera de usar los recursos de Dios? ¿Y qué de alimentar a los pobres? El pastor respondió que había que usar los fondos como deseaban los donantes. Y luego citó a Jesús: «a los pobres siempre los tendréis con vosotros» (Juan 12:8).
Esteban tomó su sierra y salió hacia el bosque. En ese momento, oyó a Augusto, de cinco años: «¡Espera, papá! ¡Quiero ir!». Con su sierra de juguete, guantes de trabajo y orejeras, siguió a su papá. Esteban le puso un par de troncos a una distancia segura. A los diez minutos, Augusto estaba agotado. ¡Cortar troncos con una sierra de juguete era trabajo duro! Pero estaba contento de «ayudar» a su papá, y su papá estaba encantado de pasar tiempo con su hijo.
Juan odia la escuela. Las clases de álgebra, gramática y la tabla periódica lo aburren. Pero le encanta construir casas. Su padre lo lleva a trabajar en el verano, y Juan no se cansa. Tiene apenas 16 años, pero sabe sobre cemento, tejas y armazones de paredes. ¿Qué diferencia hay entre la escuela y la construcción? Amor. Juan ama una cosa y no la otra. Su amor alimenta su conocimiento.
Un hombre llamado Hidesaburō Ueno daba clases en la Universidad Imperial de Tokio en la década de 1920. Todas las tardes volvía en el tren de las 15:00 y se encontraba a su perro, Hachiko, esperándolo. Un día, el profesor sufrió un derrame cerebral durante la clase y murió. Como no bajó del tren de la tarde, Hachiko se quedó un rato y luego se fue a casa. El perro volvió al día siguiente a las tres, y al siguiente, durante diez años. La lealtad de Hachiko conmovió los corazones de muchos japoneses, que acudían a sentarse con él.
Julia gimió al ver la publicación de Susi en las redes. La foto mostraba a diez amigos de la iglesia, sonriendo alrededor de una mesa en un restaurante. Por segunda vez en el mes, se estaban divirtiendo… sin ella. Se secó las lágrimas. ¡Qué extraño asistir a la iglesia con personas que no la incluían!
Marcos era un joven pastor prometedor. Una mañana, su hijo murió mientras jugaba a la pelota con él. Quedó devastado y aún lamenta la pérdida, pero su dolor lo hizo un pastor más compasivo. Lo he acompañado en su dolor y he pensado que su prueba ilustra una reflexión de A. W. Tozer: «Es dudoso que Dios pueda bendecir en gran manera a un hombre si antes no lo ha herido profundamente». Temo que sea cierto.
Me encantó pasar el fin de semana en Nueva Orleans: un desfile en el Barrio Francés, una visita al Museo de la Segunda Guerra Mundial y probar ostras a la parrilla. Pero, mientras me dormía en la habitación de huéspedes de mi amigo, extrañé a mi esposa e hijos. Disfruto predicar en otras ciudades, pero más disfruto estar en casa.